Alejandro Mario Fonseca
La Virgen de los sicarios es una novela del escritor colombiano Fernando Vallejo publicada el año 1994. La novela trata acerca del mundo de las drogas, mafias y violencia que caracterizaron la Medellín de los años 1990.
Fue llevada al cine el año 2000 por el director Barbet Schroeder, bajo el mismo título. La película recibió el premio del Senado de Italia, fue galardonada en el Festival de Venecia de 2000 como la mejor película latinoamericana y fue honrada en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana en ese mismo año.
Trata de un intelectual, Fernando, que en sus cincuenta años regresa a su ciudad natal, Medellín, después de 30 años de ausencia. Hace vínculo sentimental con un adolescente, Alexis, pero, bien pronto descubre que su joven amante es un sicario de las comunas populares de Medellín.
Fernando se encuentra entonces inmerso en una atmósfera de violencia y homicidio causado por las guerras urbanas del narcotráfico. Alexis es un experto en asesinar, lo que contrasta con su religiosidad y devoción por María Auxiliadora, lo que inspira el título de la obra.
Cuando Alexis es asesinado por otro grupo de sicarios, Fernando conoce a Wilmar, otro adolescente que tiene una gran semejanza con el difunto y quien también es sicario. Ambos comienzan una relación
sentimental hasta que Fernando descubre ciertos acontecimientos terribles. Si no le gusta leer, por lo menos vea la película.
El Plan Michoacán
Después de este paréntesis cultural, regreso al tema que dejé pendiente en mi último artículo. El reciente asesinato perpetrado, por un “niño sicario”, del alcalde de Uruapan ha llevado al gobierno de Claudia Sheinbaum a tomar medidas extremas. El Plan Michoacán es la prueba de fuego para su gobierno: reconstruir el tejido social.
La apuesta clave son los Murciélagos de la Sedena, un escuadrón de 260 efectivos entrenados para moverse en silencio y en condiciones extremas. Además, todo el poder asistencial y bélico del Estado mexicano se ha volcado sobre Michoacán. Seguramente muy pronto veremos resultados en la pacificación de la entidad.
Sin embargo, no veo una propuesta específica para rescatar a los instrumentos más débiles del anarcocapitalismo: los niños. Lo que sucede en la novela de Fernando Vallejo es una vieja realidad en América Latina y en gran parte del “Tercer Mundo”.
Se requiere de una estrategia, yo diría básica, para rescatar a la niñez y a la juventud mexicanas de las garras infernales del narcotráfico. Que vaya directamente a los barrios pobres de nuestras ciudades y atienda este grave problema.
Otro aspecto al que no se le ha puesto la suficiente atención es la experiencia de las Autodefensas. Por órdenes muy probablemente de las Agencias norteamericanas (DEA, FBI, CIA, qué se yo) Peña Nieto desactivó a los grupos de Autodefensas que estaban dando
buenos resultados. El gobierno de la doctora Sheinbaum tiene que aprovechar esta experiencia.
No va a ser fácil reconstruir el tejido social de Michoacán; pero si se hace bien, puede convertirse en un paradigma de alcance nacional.
Reconstruir el tejido social
El tema de la novela de Fernando Vallejo me recuerda una reflexión de Dostoyevski sobre la existencia de Dios. En su novela Los hermanos Karamázov, especula sobre el sufrimiento de los niños inocentes.
Iván, le reclama a su hermano monje Aliosha que la existencia de un solo niño torturado sin venganza es un precio demasiado alto para la armonía del universo y un fundamento inaceptable para la creación divina.
Esta idea expone un dilema ético: la crueldad hacia los inocentes desafía la existencia de un Dios benévolo y plantea que el sufrimiento humano es inexpugnable.
¿Qué son los niños sicarios sino niños manipulados, torturados? Los mochos más acérrimos del PAN, podrían argumentar que se trata de uno de los grandes misterios divinos y que, en todo caso, no se trata de un error, sino de una forma de participar del sufrimiento de Cristo.
Yo les pediría con humildad que se dejen de tonterías como los intentos de manipular a los jóvenes de la generación Z, con falsas manifestaciones violentas; y que como “buenos cristianos” contribuyan a reconstruir el tejido social en los barrios más pobres de nuestro país.
