Alejandro Mario Fonseca
La Dra. Claudia Sheinbaum cumple poco más de un año como presidenta de México. Lo primero que hay que decir es que tenemos, igual que su antecesor AMLO, una presidenta incansable: además de cumplir con sus responsabilidades ejecutivas, sigue en campaña: viaja mucho.
No se cansa con nada. Cada mañana, después de una reunión con su gabinete de seguridad, ofrece una conferencia, “La mañanera” y de allí se va a trabajar. Al igual que el primer año de AMLO, ha sido un año muy controvertido: México sigue dividido entre los que la aprueban (70%) y los que la desaprueban (el otro 30%).
También estamos los que la aprobamos e incluso la defendemos, aunque de manera crítica. Ni modo, el periodismo así tiene que ser, para que valga la pena, no debemos ser aduladores del poder, sea este del color que sea.
Y una de las críticas más furibundas contra Sheinbaum a un año de su gobierno, es que la economía no ha crecido: México está estancado. Y sí, así lo refleja el PIB DE 0.7. Sin embargo, los datos esconden la terrible realidad del desequilibrio social.
Ya lo he comentado, en realidad vivimos en dos países, aquel engranado a la economía norteamericana, la del TLC (hoy TMEC), y el de los pobres, el de los que viven al margen del “desarrollo” con lo más indispensable y de los cuales la mitad vive en la miseria; y que gracias a la 4 T van a la baja.
Pobreza y miseria
La pobreza es la situación de no poder, por falta de recursos, satisfacer las necesidades físicas y psíquicas de una vida digna, como la vivienda, la alimentación, el agua potable o la electricidad. Puede afectar a un grupo de personas o a toda una comunidad.
Por su parte la miseria, ocurre cuando la persona no puede acceder a la canasta básica de alimentos (los suficientes para una nutrición sana), ni a la canasta básica de bienes y servicios (servicios públicos, salud, educación, vivienda o vestimenta).
Esos son los conceptos que utilizan instituciones como el Banco Mundial (BM) o el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Estos conceptos, no son exhaustivos, aunque ayudan a comprender el problema.
¿Qué es lo que esconde la tasa de crecimiento económico, el PIB? En México, no es lo mismo el PIB de Querétaro, que el de Chiapas, por poner tan sólo dos ejemplos. A la Dra. Sheinbaum no le preocupa que el PIB esté cerca de cero, y tiene razón, pero hay que profundizar para comprenderla.
El desarrollo económico si es el incremento en la producción de bienes y servicios, pero no nada más, también debe incluir el incremento en bienestar social; es decir debe incluir inversión en salud y en educación, por lo menos.
Se trata de aquel desarrollo en el que se logra crecimiento económico con la creación de nuevas empresas, públicas y privadas, manteniendo un medio ambiente limpio, en una sociedad en la que se garantiza el bienestar mediante servicios educativos y de salud de calidad, y todo esto en el tiempo largo.
El PIB es una medida deficiente de la salud de una economía
Paul Ekins (nacido en 1950) es un profesor británico, académico en el campo de la economía sostenible, fue co-director del Centro de Búsqueda de Energía de Reino Unido. Además, fue un miembro prominente del Partido Verde del Reino Unido (ahora el Partido Verde de Inglaterra y Gales) en las décadas de 1970 y 1980. En 1986 dejó el Partido después de una controversia en la que él y otros compañeros promovían la modernización de las estructuras del Partido Verde.
Cito a Ekins porque en México carecemos de políticos que defiendan el medio ambiente. Los del PVEM, el clan del niño verde, son una caterva de vividores que no saben nada de ecología y que se venden al mejor postor: ahora son parte de la bancada de Morena.
Ekins es un ecologista serio que considera que el PIB es una medida deficiente de la salud de una economía. Para él, muchos de los bienes y servicios medidos por el PIB no son benéficos para la gente: el gasto en crimen, en contaminación, en las víctimas humanas; también el gasto en la obsolescencia proyectada y el que se debe a la creciente burocracia.
Según Ekins, son cuatro las razones por las que los ecologistas serios consideramos que el PIB no sirve para medir la salud de una economía:
Ignora la producción que tiene lugar en una parte no controlada de la economía: el trabajo del hogar, trabajos sociales, tales como el cuidado de los ancianos y los enfermos en la familia; en suma, la producción basada en el hogar y la infinidad de redes de producción e intercambio asociadas a la economía informal (¿en México es del orden del 30% del PIB?).
Segundo, los cálculos del PIB no nos dan idea de la distribución de la producción o de sus frutos.
Tercero, no dan ninguna indicación, tampoco, de la sostenibilidad de las prácticas económicas que contribuyen a la producción.
Y, por último, el PIB ignora los costos de producción medioambientales (el agua limpia, el aire y el suelo saludables, etcétera). El tema da para mucho.
