Categories Opinión

IRÁN EN LA MIRA

Alejandro Mario Fonseca

Cuando yo era niño y durante mi primera juventud me tocó vivir una etapa que los historiadores han etiquetado como el “desarrollo estabilizador”. Otros también le han llamado “milagro mexicano”, fue un modelo económico utilizado desde 1954 hasta 1970.

Las bases de este modelo radican en buscar la estabilidad económica para lograr un desarrollo económico sostenido, continuo. La estabilidad económica significa mantener la economía libre de problemas como inflación, déficit en la balanza de pagos, devaluaciones y demás variables. Antonio Ortiz Mena el secretario de Hacienda y Crédito Público fue el estratega que logró mantener una tasa de crecimiento económico de 7% anual durante dos décadas.

¿Qué fue lo que pasó? Pues que los sucesivos gobiernos, desde el de Echeverría hasta el de Peña Nieto, abusaron del gasto público, pusieron en circulación más dinero del que correspondía al crecimiento real de la economía y además endeudaron al país.

Los bancos nunca pierden

Incluso los gobiernos panistas de Fox y Calderón no pudieron sacar al país de la inercia heredada. Habían llegado con la oferta de campaña de la estabilidad económica, sin embargo, aunque en menor grado, cayeron en los mismos vicios de los priistas: abuso, despilfarro, más deuda y corrupción.

Si a alguien lo consuela, hay que decir que México no es el único país que vive crisis recurrentes. Ahí están Argentina y Brasil, por citar los casos más cercanos. Y claro que allá también han padecido gobiernos malos e irresponsables; pero lo interesante es que también están terriblemente endeudados con los bancos mundiales, y ahí está la clave del problema.

Los bancos nunca pierden. Si usted se endeuda y no tiene con qué pagar, le embargan sus bienes. Igual sucede con las empresas y con los países, el poder financiero mundial siempre gana. La acumulación capitalista necesita canalizar sus excedentes y los grandes bancos lo hacen hacia los países “pobres”, “en desarrollo” con el aval del Fondo monetario Internacional y del Banco Mundial.

La crisis es el modelo económico centralista, injusto y depredador.

La sociedad norteamericana es esencialmente consumista y uno de sus motores económicos ha sido la industria de la construcción. A fines de los 80 el sector de bienes inmobiliarios se saturó, la oferta fue mayor que la demanda y este hecho combinado con la elevación de los precios del petróleo, amenazó con una grave recesión.

¿Cómo sortearon la crisis? La aplazaron con crédito y más crédito. La orgía consumista a base de deuda se combinó en una burbuja inmobiliaria creada por la industria bancaria de las hipotecas que muy pronto explotó; el precio del petróleo llegó a máximos históricos (147 dólares por barril); todo se

encareció. La crisis estalló en 2007 y el gobierno federal tuvo que entrar al rescate de los bancos de Wall Street con 700 mil millones de dólares.

Lo que poco a poco fue quedando claro de esta última crisis, es que el modelo de crecimiento económico basado en la energía barata de un bien no renovable (petróleo), producido y administrado verticalmente, deviene en una acumulación de capital, de tal magnitud, que impide el consumo masivo: las crisis recurrentes son inevitables.

Lo que se requiere es un nuevo paradigma económico basado en energías renovables producidas y comercializadas de manera distribuida, lateral, democrática. Los europeos y los chinos ya lo tienen muy claro.

Sin embargo, los norteamericanos con Trump y sus plutócratas pretenden revertir el inevitable cambio de paradigma. Están desatando, con su hipócrita nacionalismo el vértigo y el terror más cruentos de la historia.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *