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MAGNIFICA HUMANITAS

Alejandro Mario Fonseca

Hace unos días el papa León XIV presentó su primera encíclica Magnifica Humanitas (Magnífica Humanidad). Me sorprendió, se trata de un documento doctrinal muy ambicioso, que califica a la Inteligencia Artificial (IA) como una peligrosa amenaza: propone desarmarla.

Sí, como usted lo oyó, la IA es un arma tecnológica sin límites éticos, que amenaza la vida económica política y social de la humanidad, por ello es que urge desactivarla. Acaso la Iglesia Católica está rompiendo con los poderes fácticos del mundo.

¿Acaso está en contra de la plutocracia trumpiana y de sus corifeos, que se juegan sus últimas cartas por la dominación global en Gaza, Líbano, Irán, Venezuela, el norte de México y lo que venga?

Sí, yo creo que sí. La Iglesia Católica está despertando de un largo letargo medieval y se pone al día. Y es que no se trata de que su líder, León XIV haya perdido la fe, sino todo lo contrario: la ha recuperado.

Sí, la fe, eso que habíamos perdido muchos mexicanos ante tanto abuso, despilfarro, corrupción e impunidad. ¿Cómo íbamos a tener fe si ya el miedo, la angustia, se había apoderó de nosotros? La fe es confianza.

Uno de los conceptos de fe que más me gustan es el de Kierkegaard el prolífico filósofo y teólogo danés del siglo XIX. Se le considera el padre del existencialismo, por hacer filosofía de la condición de la existencia humana, por centrar su interés en el individuo y la subjetividad, en la libertad y la responsabilidad, en la desesperación y la angustia.

Según Kierkegaard la fe es la certeza interior que anticipa la infinitud. “Si se administran de un modo ordenado los descubrimientos de la posibilidad, está pondrá de manifiesto las cosas finitas, pero las

idealizará en la forma de la infinitud, y violentará en la angustia al individuo, para que éste la venza nuevamente en la anticipación de la fe”.

Debemos recuperar la salud social

Hermoso concepto del filósofo danés y enorme su actualidad. Si, enorme para nosotros los mexicanos que vivimos en el miedo, la angustia y la desesperación. Estábamos gobernados por sátrapas, si por mandatarios cueles y déspotas, aunque también ladinos, que nos robaban y se burlaban de nosotros mostrándonos escandalosamente sus lujos e impunidad.

Y es que la fe es confianza. No tengo nada en contra de los prelados de la iglesia católica, ni de las agrupaciones cristianas. Pero sus discursos incrementan mi angustia. Hay que tomar al toro por los cuernos, y quién mejor para hacerlo, que alguien que encarna “la palabra de Dios”: el papa León XIV.

Y nosotros ¿qué hacemos? No debemos quedarnos esperando que Dios lo haga todo. Qué bueno que mucha gente todavía confía en los preceptos divinos y tiene la suerte de gozar de una fe inquebrantable que le da seguridad y confianza.

Pero no basta, también debemos recuperar la confianza entre nosotros mismos. Y en este terreno la esperanza no ayuda mucho, debemos actuar. Recuperar la confianza significa vivir en la verdad.

México está enfermo, debemos recuperar la salud social que poco a poco se había ido deteriorando por los malos gobiernos, corruptos y depredadores. Necesitamos participar, actuar políticamente, apoyar a la presidente Sheinbaum y sus colaboradores, pero también exigiéndoles que hagan bien su trabajo.

Es difícil caminar por las aguas turbias e inseguras de un México violento que heredamos de sátrapas; y más difícil todavía hacerlo cuando soplan vientos huracanados que vienen del norte.

Sin embargo, las buenas noticias son que ya todo empezó a cambiar, y que no somos pocos los que todavía conservamos la fe. La encíclica Magnifica Humanitas de León XIV es una condena absoluta al renacimiento fascista que amenaza nuevamente a la humanidad.

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