TONANTZIN INMACULADA CONCEPCIÓN SANTA MARIA XIXITLA

TONANTZIN INMACULADA CONCEPCIÓN SANTA MARIA XIXITLA

Dra. Margarita Tlapa Almonte

En el ciclo festivo de los barrios de San Pedro Cholula, en particular en el Sistema de Cargos Menores se celebra el día 8 de Septiembre la Festividad dedicada a la Inmaculada Concepción de María. En esta ocasión nos enfocaremos a la festividad que se realiza en el barrio de Santa María Xixitla conocida como “La fiesta a Tonantzin” una celebración que realiza el niño mayordomo Telpox del barrio, la primera mayordomía de los sistemas de cargos menores dentro del barrio.

 

Haciendo un breve resumen de historia de la festividad a la Inmaculada Concepción, se tienen antecedentes de que es una de las imágenes del culto religioso católico donde cada imagen de esta advocación a María está ligada a un pueblo, localidad y región. Algunas representaciones sagradas han podido convertirse, por decisión de los creyentes, en patronas de grandes santuarios. La llegada de la Inmaculada Concepción a María llego a México a través de Hernán de Cortes. El conquistador era fiel devoto a la Virgen María, aun cuando en su país natal su patrono era Santiago Apóstol. Al llegar a San Juan de Ulúa el 21 de abril de 1519, un viernes Santo, donde el conquistador español improviso un Altar colocando una Cruz y a la Virgen Santísima. Lo mismo realizo en Tenochtitlan, en lo alto del templo; apartado los ídolos,  colocó también un Altar con una Cruz y una imagen de Nuestra Señora. La historia nos menciona como la Conquista está marcada por constantes menciones y evocaciones a María Virgen, desde la llegada de los españoles se inicia y fomenta su veneración. En Europa  el culto a María era extenso desde nueve decenios atrás. Por lo que es de esperar que en la Nueva España a partir del siglo XVI se tengan devociones marianas en el Valle de México. Donde se inician los cultos a la Virgen de los Remedios que auxiliaba a los conquistadores en las batallas  como la de la Noche triste y en la que la Virgen intervino  cegando a los indígenas  mexicanos al levantar tolvaneras. La Virgen de Guadalupe que aparece en 1531 a diez años de la caída de la Gran Tenochtitlan y que posteriormente se arraigó en el centro de México. 

 

En la Colonia era común que la orden de los franciscanos creara hospitales para indios en todas sus fundaciones donde se fomentaba la veneración a la Inmaculada Concepción de María. Se conformaban cofradías a Nuestra Señora de la Concepción, franciscanos y conquistadores impusieron la veneración a la Madre de Dios con el apoyo del Obispado de México y Fray Juan de Zumárraga que reforzó en su adoctrinamiento en la Iglesia de la Nueva España. 

 

Los franciscanos se inclinaban más por la imagen femenina de María porque estaba más cerca del imaginario miticoreligioso de los naturales, quienes no olvidaban a sus deidades protectoras, donde la Virgen ahora velaba a los enfermos. Fray Diego Muñoz señala que los indios se organizaban para atender a sus enfermos y aportaban recursos para los hospitales según sus posibilidades, sin embargo también era obligación que la comunidad participara en la siembra de las sementeras de trigo y maíz, con lo cosechado adquirían alimentos y medicinas que dio resultados positivos en la promoción de la Virgen María, donde además rezaban la doctrina, oficios para difunto y los días sábado culto especial a la Purísima Concepción patrona de los hospitales.  

 

La imagen de la Virgen María fue impuesta en el imaginario de los indios a través de los misioneros, los primeros frailes con su obsesiva devoción a la Inmaculada Concepción. Misma que los indios la asociaban con sus divinidades femeninas relacionadas con la fertilidad, la vida, la madre de los dioses. Mientras que para los conquistadores era la Madre de Jesús, intercesora y protectora de los indios. Mientras que el patrono Santiago se alejaba a zonas de guerra, quedaba María haciendo casa y esperanza para indios, conquistadores y frailes. María fue utilizada por los franciscanos para aculturizar la nueva Iglesia en México para introducir a la única religión verdadera de acuerdo a los conquistadores y mitigar el trauma y tragedia de los vencidos y convertidos. 

 

Los conquistadores pensaron que si los naturales elaboraban imágenes en piedra o pinturas, frescos o estelas donde representaban a sus deidades, sería más fácil usar imágenes para enseñar la doctrina en vez de textos. Ya que también en España representaban con imágenes a Cristo, la Virgen y Santos. Lo importante era convencerá a los indios a través de la reiteración y temor a Dios. Llegaba el tiempo entonces de sustituir unas imágenes por otras, los ídolos indígenas que sufrieron invasión de las imágenes del cristianismo y de los europeos. Un largo proceso que también origino conflicto en el aspecto cultural, porque una imagen no siempre tuvo su correspondencia de una lengua a otra, por los significados y confusiones en la evangelización. 

 

A través del tiempo las imágenes de las deidades fueron desplazadas y también sus significados a favor de los conquistadores, particularmente con el hecho de que Jesús había sido sacrificado para salvar a los hombres, algo semejante a los rituales mesoamericanos, lo que facilito el aceptar las nuevas imágenes de la Madre de Dios, bajo otra forma, pero que les recordaba a Cihuacoatl, Totci o Tonantzin, cada una nombrada en cada lengua de cada cultura para nombrar a la madre tierra y madre de los dioses. La Inmaculada Concepción de María ocupo a partir de la Colonia el espacio de las deidades indígenas. A través de su manto protector de una mujer que como todas las madres es buena con sus hijos  para así representar la nueva religiosidad mestiza que fomento la devoción. 

 

El papa Pío IX, mediante la bula Ineffabilis Deus, proclamó la Inmaculada Concepción de María en 1854. De los cuatro dogmas de fe en torno a María, su maternidad divina y su virginidad fueron aceptadas por la iglesia, los otros dos generarían por siglos polémicas. Tanto la Inmaculada Concepción, como la asunción en cuerpo y alma a los cielos de María (este dogma fue formulado por el papa Pío XII en 1950), fueron siempre prácticamente aceptadas por los estratos bajos del pueblo. La Inmaculada Concepción, dogma defendido y difundido arduamente por los franciscanos, resulta ser el principio esencial de la implantación del culto a María en México.  

La creencia en la Inmaculada Concepción, sobre todo en círculos influyentes de la iglesia de Inglaterra: el sínodo celebrado en Londres en 1129 prescribió la fiesta de la Inmaculada Concepción para todas las diócesis inglesas de aquí se fue extendiendo con fuerza el culto hacia Francia e Italia. En Roma, fue hasta la tercera década del siglo XIII que en la curia se pudo escuchar una misa el día 8 de diciembre como día de la fiesta de la Inmaculada Concepción.  La Orden de San Francisco fueron los primeros que se definieron con firmeza a favor de la Inmaculada Concepción, y fue hasta el siglo XV, apoyados por un papa miembro de su Orden, que introdujeron un oficio ritual solemne. En efecto, los franciscanos fueron la primera congregación que la adoptó en su calendario festivo en 1263. En los siguientes siglos los franciscanos continuaron siendo la fuerza impulsora en el fomento de la creencia en la Inmaculada Concepción. 

 

La fiesta mariana, originada en época relativamente tardía en Bizancio, se aceptó así, en forma modificada, en la Iglesia latina.  Sin embargo, el Concilio de Trento, el cual deliberó de 1545 a 1563, dejó de lado la discusión acerca de la Inmaculada Concepción, aunque para evitar un escándalo, un legado papal propagó que el Concilio no decidiría nada (al respecto), aunque sería piadoso creer en ella. Es interesante señalar que los franciscanos fomentaron la Devoción a la Inmaculada Concepción y también los jesuitas que contribuyeron a la propagación de la devoción y el culto de la Inmaculada Concepción. En México muy pronto se fue poblando el horizonte del imaginario religioso del occidente de imágenes de la Virgen María, presentándose en diferentes advocaciones, principalmente de la Purísima  como una devoción prioritaria. 

 

Es cierto que en el tercer concilio mexicano de 1585 se había instituido la celebración de la fiesta de la Inmaculada Concepción, pero no se llegó a más hasta que Carlos III decretó su patronazgo en todo el imperio. Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, perteneció a la Orden de San Francisco. Su posición como autoridad de la iglesia en la Nueva España fue innovador por necesidad, tuvo bajo su responsabilidad ordenar y sistematizar el adoctrinamiento de los naturales en todos los rumbos por donde las fronteras se iban ensanchando. Su misión como obispo, y al final, como arzobispo, abarcó de 1528 a 1548. Influido por la mística franciscana de la espiritualidad exaltada y el iluminismo milenarista, también mostró cercanías con el erasmismo llevado a un humanismo cristiano que se refleja en su quehacer episcopal. El trabajo de Zumárraga por erradicar la idolatría, lo ubica, lo ubican como uno de los  sin embargo, era la manera lógica de proceder para ganar, lo más pronto posible, a la enorme masa indígena de esos años al sendero del único Dios. 

 

Su tarea de levantar la fe cristiana a través de la religiosidad hispánica Jesús, la Virgen y Santiago en sus tres facetas (apóstol, evangelizador y guerrero). Siguiendo su formación teológica filosófica, no fue, al igual que los demás miembros de su orden, dado a la promoción de milagros, ni a aceptar la invención de imágenes, no, en el Nuevo Mundo, donde la tarea de implantación de la fe implicaba quitar de raíz cualquier protagonismo visionario-espiritual indígena, pues antes que nada debía afianzarse la doctrina cristiana, la única verdadera. En Occidente y en España. Hacer conciencia entre los indios de que las imágenes sólo representaban en su soporte débil a lo que en verdad debía ser objeto de veneración o adoración, esto es, a la Virgen o a Dios. El acto de venerar o adorar una imagen no se queda ahí, sino que la trasciende y se dirige a la divinidad.

 

Esta actitud franciscana por erradicar la idolatría y la confusión por las imágenes entre los indios, los condujo  a enseñar la doctrina en la lengua de los naturales. No se trata de quitarles su vehículo de expresión propia y de comunicación con en el mundo, sino del reconocimiento de diferencias culturales capaces de nombrar las cosas de otra manera. Era el objetivo principal de la nueva iglesia, en la que las almas eran ganadas para Dios desde el principio con un plan de evangelización sin idolatrías ni supersticiones, por lo que los primeros franciscanos, como frecuentemente lo harían misioneros de otras órdenes, levantaron sus conventos y capillas sobre las ruinas de los templos paganos de los indígenas.

 

Si Santiago había sido el dios de la guerra en contra del mundo indígena, la virgen, presentada en su visión de Inmaculada Concepción de María, constituía la posibilidad de protección y abrigo, de paz materna en medio de un caos de proporciones dramáticas para los pueblos y naciones indígenas. Sahagún, en su Historia general de las cosas de Nueva España, al hablar acerca de las divinidades de los mexicanos, explica que la primera de estas diosas se llamaba Cihuacóatl que quiere decir “mujer de la culebra”. Y también la llamaban Tonantzin, que quiere decir “Nuestra Madre”. Fray Juan de Torquemada, en su Monarquía Indiana, menciona que hay un lugar que está una legua de esta ciudad de México, en la parte del norte, hacían fiesta a una diosa, llamada Tonan, que quiere decir: nuestra madre, 

 

“cuia devoción de Dioses prevalecía, cuando nuestros Frailes vinieron a esta tierra, y a cuias Festividades concurrían grandísimos Gentíos de muchas leguas a la redonda  queriendo remediar este gran daño, nuestros primeros religiosos  determinaron de poner iglesia  en Tonantzin, junto a México; ahí constituyeron casa a la Virgen Sacratísima que es Nuestra Señora Madre”

 

En el siglo XVIII el jesuita Francisco Javier Clavijero, reconoce que Tonantzin: el nombre significa nuestra madre, y no dudo que era una misma con la diosa Centeotl. Tonantzin tenía templo en un monte distante una legua de México al norte, y era allí venerada de los pueblos con inmenso concurso de gente y un gran número de sacrificios. Hoy está al pie del mismo monte el más célebre santuario de toda la América, dedicado a la Madre de Dios. El relato de la Virgen de Guadalupe contiene símbolos convincentes, una imagen femenina sustituye a otra; la recién llegada tenía su color de piel similar a la de los naturales, es morena; quienes habían perdido interlocución lograban, con la Señora del Tepeyac, hacerse notar en un mundo carente de sentido. Esto inicio y se fue expandiendo desde el centro a la periferia de la Colonia. El avance de la devoción a Guadalupe fue lento en algunas latitudes. Los frailes hicieron mejor su labor de promoción de María en las remotas tierras del noroeste.  

 

La devoción a la Virgen de la Inmaculada Concepción llego con los españoles quienes trajeron el fervor mariano el cual se diseminó por todas las colonias americanas, pero en cada lugar fue tomando características y particularidades locales. En el centro de la Nueva España hubo dos invenciones notables por la toma de posición que suscitaban en los creyentes: la Virgen de los Remedios y la Guadalupana: al paso de los siglos una declinó y la otra tomó proporciones de representación socio-cultural. 

 

La imagen tutelar de María implantada por los religiosos evangelizadores quedo arraigada. Queda diseñada teológicamente como la Madre de Dios e Inmaculada en su Concepción, es la que ora delante de Dios y a la que se le reza con lágrimas y devoción, como se adoctrinaba, en el momento de la dificultad. Ante la oración, aparece María “La Conquistadora” 

El día 8 de diciembre es el día en el que se celebra el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen para los católicos, pero este dogma fue eje de polémica desde la Baja Edad Media hasta el siglo XVII, especialmente en ciudades españolas como Sevilla, Córdoba y Granada, por la “cuestión concepcionista” de la que eran partidarios de la opinión piadosa de la Inmaculada los frailes de la orden franciscana y jesuitas; así como sus antagonistas de dicha opinión los dominicos.

Sin embargo, la creencia de que María fue concebida sin la mácula del Pecado Original en el vientre de santa Ana, su madre, no hay que confundirlo con la concepción virginal de Jesús por María, fue oficialmente establecida como dogma por la Iglesia en el siglo XIX por el Papa Pio IX, quien en 1854 tomó la decisión que desde hacía siglos se había hecho esperar. Finalmente fue nombrada patrona de España.

La representación plástica de la Inmaculada se hizo esperar hasta el siglo XV en algunos lugares e incluso hasta más tarde. Sí es cierto que desde el siglo XIII se venían celebrando fiestas en su honor. La iconografía de la Inmaculada no fue estable desde el principio, debido a su complejidad en la representación del concepto de pureza experimentó cambios iconográficos y sólo en el siglo XVII que es el siglo del que data la gran obra de Murillo, aparecerá la imagen definitiva que se configuró y pervivió en el tiempo hasta nuestros días.

Algunos de sus elementos formales más característicos proceden de un pasaje del Apocalipsis: “una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza”

Tras el Concilio de Trento y la instauración de la Contrarreforma católica, se establecieron nuevos dogmas iconográficos de representación mariana que viajaron al continente. Las pautas de la nueva representación de la pureza de concepción de María vinieron de la pluma del pintor y tratadista Francisco Pacheco (1564-1644), suegro de Diego Velázquez, quien codificó la iconografía de la Inmaculada en su obra Arte de la pintura, publicada póstumamente en 1649. Pacheco dice así: Háse de pintar, pues, en este aseadísimo misterio esta señora en la flor de su edad de doce a trece años, hermosísima niña, lindos y graves ojos, nariz y boca perfectísima y rosadas mejillas, los bellísimos cabellos tendidos de color de oro (…) Háse de pintar con túnica blanca y manto azul, que así apareció esta señora a Doña Beatriz de Silva, portuguesa (…) Vestida de sol, un sol ovado de ocre y blanco, que cerque toda la imagen unido dulcemente con el cielo, coronada de estrellas, doce estrellas (…) Una corona imperial adorne su cabeza, que no cubra las estrellas. Debajo de los pies la luna; (…) Adórnase con serafines y con ángeles enteros que tienen algunos de los atributos”15.

Velázquez y Zurbarán, dos importantes pintores barrocos de la Corona, siguieron en su mayor parte las indicaciones de Pacheco para realizar sus Inmaculadas. El color de la túnica suele vincularse habitualmente a la Virgen el azul del manto se ha relacionado con la tristeza pero también la pureza y la divinidad y el rojo con la naturaleza humana.

La introducción del dogma de la Inmaculada Concepción afectó a la espiritualidad, y redujo  a la mujer indígena con ocasión de la conquista, y misma  mujer hispana, como lo ha puesto de relieve José Oscar Beozzo. Según Vilma Moreira da Silva, en algunos sectores de Occidente se estaba dando una explotación del culto a la Virgen María reduciendo el modelo mariano a una feminidad ideal exaltando las virtudes, que se decían en la época, propias de la mujer, como la modestia, la aceptación, pasividad, resignación, sumisión, humildad, etc., reduciendo cultural y alienantemente la dimensión y el rol social del ser femenino.

La devoción a la Inmaculada Concepción de María fue extendiéndose  en el territorio mexicano y cada imagen se enriqueció en  su lenguaje representativo con las formas iconográficas nativas hasta conseguir la deseada conquista espiritual a través de los nuevos significados y valores identitarios propios del territorio mexicano. 

 

Un ejemplo  de esto, lo tenemos en Tonantzin la imagen que se encuentra en el templo del barrio de Santa María Xixitla. Una escultura elaborada a base de pasta de caña que de acuerdo a Esther Cianca es una imagen interesante de la Virgen María. Una Purísima Concepción. Las manos de esta imagen son muy toscas, elaboradas en una época posterior. Es una imagen policromada y estofada, que pudo tener su origen en el siglo XVI o en los inicios del siglo XVII. 

La imagen de Tonantzin es una combinación entre la Purísima Concepción, la Virgen de Guadalupe y la deidad de Tonantzin. La comunidad del barrio la llama “Tonantzin nuestra madrecita” “nuestra madre pequeña”. De acuerdo a la historia oral que mencionaron los hermanos Tzilin es una imagen que llego en la peregrinación de los toltecas chichimecas cuando llegaron a Cholula, mencionaron que la traían cargando en andas, representa a Centeocíhuatl, nuestra madrecita con falda de mazorcas, fue la primera madre de los de los cuauhteca, representa la energía cósmica. Por eso Xixitla se divide en dos palabras xitli-ombligo, la palabra se duplica, la primera silaba hace el plural Xixitla. Unidas significa “la madre cósmica está unida al ombligo”, centro del barrio de Cuauhtlan. Posiblemente los informantes clave mencionaron la imagen original que llego con toltecas era un bulto sagrado que representaba a Tonantzin. La imagen de la Tonantzin tiene rayos rectos que representan a Venus y rayos curvos que representan al Sol

Cuando llegan a Cholula los toltecas establecen dos casas el calmecatl y el tepoxcalli o casa escuela para preparar a jóvenes. La educación era un bien muy valioso y buscaban que los niños, niñas y jóvenes se educaran. El tepochcalli estaba destinado a hijos de familias comunes y corrientes, de los macehuales, existía uno en cada barrio, enseñaban de orden, aseo, templanza, trabajo, astucia; a los jóvenes, nociones de agricultura y de artesanías, y adiestramiento para la guerra. Todo dentro de un ambiente religioso, con frecuentes ceremonias en honor de sus dioses. Además de historia, mitos, cantos ceremoniales, religión, entrenamiento militar para prepararlos para la guerra, aprendían agricultura, oficios, ponían atención a la escritura de los códices e interpretación de los calendarios, por la importancia que esas dos actividades tenían en la religión y la vida de la comunidad.

Telpox de telpoxcalli, texpolli=adolescente. Los telpox eran adolescentes castos, llevaban las flores, el ocote y la leña para mantener el fuego y que no se apagara. Los niños que  reciben la Mayordomía del Telpox deben ser menores a los 15 años y en la actualidad son los encargados del compromiso fomenten el Catecismo para la evangelización, promoviendo así los sacramentos de iniciación cristiana. Son descendientes del tepoxcalli de la casa de los jóvenes guerreros cuauhteca. 

El plato que recibe el mayordomo Niño Telpox fue elaborado en el año de 1707, los informantes mencionan que era la patrona y fue sustituida por la imagen de María Santísima de la Asunción la actual patrona, una escultura del siglo XVIII. El plato petitorio es elaborado de manera artesanal, siendo mayordomo Iván García y los compuso Tomas Ayaquica. El Niño Telpox realiza la festividad a la Inmaculada Concepción de María el 8 de diciembre y la segunda Coronación de la Virgen María. La festividad consiste en Alba, Serenata o candiles, ceremonia de la Misa con Procesión del Santísimo, Comida y Coronación. En este año se están cumpliendo 313 años de mayordomía del Niño Telpox, en este año siendo mayordomo el niño Erick Rodrigo Castro Cuachi. 

AGRADECIMIENTOS

 

Informantes

Tomas Castillo. Tiachca 

Justino Saucedo Tototzintle.  Principal 

Teódulo y Julián Tzili Contle hijos del barrio de Santa María Xixitla

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Ciancas, María Esther. 1974. El Arte de las Iglesias de Cholula. Secretaria de Educación Pública. 

 

Sahagún, fray Bernardino. 1989, Historia general de las cosas de Nueva España, México: Centro Nacional para la Cultura y las Artes.

 

Mendieta, Gerónimo de (1870) (1997), Historia eclesiástica indiana, 2 tomos,

México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Ricard, Robert. 1995, La conquista espiritual de México, México: Fondo de Cultura Económica.

 

Torquemada, fray Juan. 1986, Monarquía indiana, México: Porrúa.

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